La Ley contra el Hampa No. 3: El Estrangulador en la Oscuridad.
Una mujer embarazada llamada H. C. Murray, fue estrangulada por un hombre desconocido mientras mostraba a su casa en venta en Burlingame, California, el día 19 de noviembre de 1926. A pesar de su mala suerte, ella sobrevivió para contar la policía lo sucedido y describir al asesino.
La señora de 28 años -en esa época la juventud era más corta- era la ultima de una serie de víctimas, en su mayoría amas de casa solteras y arrendatarias, a las que el asesino se acercaba con el pretexto de alquilar una habitación. La mayoría de estas víctimas fueron atacadas después de haber pagado anuncios de “...alquiler de habitaciones” en los periódicos locales.
Una vez que se ganaba su confianza y podía acceder a sus hogares como posible arrendador, las estrangulada hasta su muerte y, en ocasiones, practicaba necrofilia con sus cadáveres. Este usualmente solía esconder el cuerpo de sus víctimas debajo de las camas más cercanas, aunque en otras ocasiones, las escondía en armarios o detrás de las calderas de la casa. En varios de sus asesinatos cometidos en Portland, hizo todo lo posible para ocultar el cuerpo, escondiéndolo en el ático o en un baúl dentro de la casa.
El asesino en promedio mataba una mujer cada tres semanas, por lo menos en su pico de su ola de asesinatos, aunque en varias épocas sus asesinatos ocurrían a borbotones. Por ejemplo, la última víctima, llamada Emily Patterson, había sido su quinta víctima en sólo diez días.
La señora Murray describiría a la policía que un hombre excesivamente fornido – de ahí su apodo de Hombre Gorila o Gorila Asesino- el cual era muy versado en teología cristiana, el cual usaba una gastada Biblia para mantener a su víctima cómoda y desprevenida.
Las autoridades supusieron que el asesino era un depredador que “...poseía una doble personalidad” cuando aún se desconocía su identidad, inspirándose la obra literaria «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde» escrita por el británico Robert Louis Stevenson en 1886. El asesino entonces podría ser como el malévolo Mr. Edward Hyde, un joven violento que carece de cualquier restricción moral, producto de un experimento del amable «Dr. Jekyll».
Es de recordar que en aquella época la psiquiatría, la psicología y la criminología no se habían desarrollado como en la actualidad, por lo que la referencia literaria servía para definir el trastorno disociativo de la identidad, al cual anteriormente se le llamaba trastorno de personalidad múltiple.
El Fugitivo.
En los siguientes días al testimonio, se informó de avistamientos del asesino en Regina, Saskatchewan y Boissevain, Manitoba. Un hombre que coincidía con la descripción de Nelson y que se identificó como Mike Mowski fue arrestado el 14 de junio en la ciudad fronteriza de Warroad, en Manitoba y Minnesota, por agentes de aduanas, pero escapó al día siguiente.
Los agentes de policía de Killarney, una ciudad fronteriza de Manitoba a 20 km de la frontera de Dakota del Norte, arrestaron a un hombre con el falso nombre de Virgil Wilson que encajaba con la descripción del asesino, el día 16 de junio de 1927. Según los informes, su comportamiento era tan tranquilo y cooperativo que los agentes asumieron que se habían equivocado de persona.
Wilson fue encarcelado en la cárcel local, pero logró escapar esa misma noche. El asesino cometió el error de intentar tomar el mismo tren que transportaba a miembros de la policía de Winnipeg y fue recapturado doce horas después de su fuga inicial. Este fue arrestado por última vez en la mañana siguiente por un oficial del departamento de policía de Crystal City, en la línea ferroviaria a 75 km al este de Wakopa.
En el momento de su arresto el asesino, ya era buscado en seis ciudades de Estados Unidos. Por los menos 4.000 espectadores esperaban su llegada fuera de la estación, con la esperanza de ver al acusado.
El asesino fue llevado a la comisaría de policía de Rupert Street en Winnipeg, donde lo fotografiaron, le tomaron las huellas dactilares, lo midieron y lo prepararon para las filas de identificación.
Las fotografías del asesino tomadas por la policía de Winnipeg pronto se enviaron a los departamentos de policía de todo Estados Unidos. Esto resultó en identificaciones positivas de testigos en Illinois y California que afirmaron que el hombre era el mismo inquilino desconocido con el que habían tenido encuentros.
Las huellas dactilares enviadas a Winnipeg desde el Departamento de Policía de San Francisco de sus arrestos anteriores confirmaron su identidad como Earle Leonard Nelson, aunque seguía afirmando que su verdadera identidad era la de Virgil Wilson. Las huellas dactilares de Nelson coincidían con las dejadas en varias de las escenas del crimen, y sus dientes coincidían con las marcas encontradas en las víctimas.
La Confesión del Asesino.
Inicialmente, admitió sus crímenes y dijo sin rodeos a los periodistas:
“...Sólo hago mis asesinatos de mujeres los sábados por la noche”.
Posteriormente se retractaría de su admisión y afirmaría que era inocente. En una entrevista con las prensa libre de Manitoba poco después de su arresto, dijo:
“...Me acusan de dos asesinatos. Pero no fui yo quien lo hizo”.
Cuando se le preguntó acerca de las diversas personas en Estados Unidos y Canadá que lo habían identificado positivamente como el estrangulador, simplemente respondió:
“...Todos ellos están equivocados”.
Finalmente se negó a admitir cualquiera de los asesinatos de los que era sospechoso o acusado, a pesar de los intentos de parte de las agencias policiales estadounidenses y canadienses de obtener confesiones.
Los Antecedentes Penales.
Nelson comenzó sus actividades delictivas a una edad temprana y fue sentenciado a dos años en la prisión estatal de San Quentin en 1915 después de irrumpir en una cabaña en el condado rural de Plumas que creía que había sido abandonada.
Fue puesto en libertad condicional por este delito el 6 de septiembre de 1916, pero fue arrestado nuevamente en Stockton el día 9 de marzo de 1917 por hurto menor. Pasó otros seis meses encarcelado antes de ser puesto en libertad, tras lo cual fue arrestado en Los Ángeles por cargos de robo. Nelson escapó después de pasar aproximadamente cinco meses en la cárcel del condado de Los Ángeles.
El futuro asesino se hizo pasar por un plomero para ingresar a una residencia en San Francisco, el día 19 de mayo de 1921, en un intento de abusar sexualmente de Mary Summers cuando está sólo tenía 12 años. Por fortuna, su intento se vio frustrado cuando ella gritó y pidió ayuda a su hermanito de nueve años. Nelson huyó, pero fue capturado horas después mientras viajaba en un tranvía.
En una audiencia de competencia, lo consideraron peligroso y lo internaron nuevamente en el Hospital Mental Estatal de Napa. Sin embargo, se escaparía nuevamente en dos ocasiones antes de ser dado de baja de la institución en 1925.
El Juicio.
Nelson fue defendido por el defensor de oficio por el tribunal, el abogado James H. Stitt. El juicio de Nelson estaba programado para comenzar el 27 de junio de 1927, pero se pospuso a petición de su abogado y comenzó el 1 de noviembre en el edificio de los tribunales de justicia de Winnipeg.
La esposa divorciada de Nelson, Mary Martin, testificó contra él, alegando que estaba:
“...absolutamente loco”.
El matrimonio que tuvo el asesino con la ya anciana mujer terminó porque Nelson “... hizo de su vida un infierno” con sus celos, sus extrañas demandas sexuales, sus delirios religiosos y su comportamiento cada vez más violento, lo que la llevó a separarse de él después de cohabitar durante sólo seis meses después de su casamiento en 1919.
La anciana recordaría más tarde varios comportamientos extraños que presenció mientras vivía con Nelson, que incluían desapariciones prolongadas de su casa y prácticas de baño inusuales que implicaban que él se vertiera vasos de agua sobre los dedos de los pies.
En una de las declaraciones juradas, la Sra. L. J. Casey, que había contratado a Nelson como jardinero en 1926, dio fe de esto y señaló que ella:
“... lo escuchó reír y hablar solo todo el tiempo. Un día, mientras yo casualmente estaba allí, se sentó afuera, bajo la lluvia torrencial, mirando al cielo, sin abrigo, hasta quedar empapado”.
Además de las ya mencionadas damas, testificaron más de sesenta personas, tanto de Canadá como de Estados Unidos, muchas de las cuales ubicaron a Nelson en las escenas de los diversos crímenes o lo vincularon con propiedades robadas de los hogares de las víctimas.
Un guardia de la cárcel que supervisó a Nelson durante su juicio señaló que, se había obsesionado particularmente con cierto pasaje bíblico del «Libro de Proverbios», que decía:
Hijo mío, dame tu corazón,
y que tus ojos observen mis caminos.
Para la ramera es un hoyo profundo;
y la mujer extraña es un pozo angosto.
Ella también acecha como una presa,
y aumenta entre los hombres los transgresores.
Las declaraciones finales del juicio de Nelson se completaron hasta varios meses después, el 5 de noviembre de 1927.
Nelson se negó a admitir en juicio cualquiera de los crímenes de los que fue acusado, pero igualmente se le vinculó con un total de 22 asesinatos ocurridos a mujeres entre 1926 y 1927. El jurado lo declaró culpable de asesinato después de cuarenta minutos de deliberación y recibió una sentencia de muerte obligatoria
Una vida de locura.
Nelson fue enviado a vivir con su abuela materna Jennie Nelson desde la edad de 2 años, debido a la muerte de sus padres, la cual lo crió junto a sus dos hijos menores, Willis y Lillian, que eran diez y ocho años mayores que él, respectivamente.
El niño exhibió autodesprecio y otros comportamientos mórbidos a una edad temprana, y fue expulsado de la escuela primaria Agassiz en San Francisco a los 7 años.
Nelson exhibió comportamientos maníacos cada vez más extraños en su infancia, como hablar con personas invisibles y ver a miembros femeninos de su familia desvestirse. Su abuela incluso notó ocasiones en las que Nelson iba a la escuela con ropa recién lavada y regresaba a casa en harapos, como si hubiera intercambiado ropa con una persona sin hogar.
La fuerte educación religiosa de Nelson siguió siendo una influencia omnipresente en su vida, y leyó obsesivamente el «Libro del Apocalipsis» cuando era adolescente. Incluso fue descrito como un “prodigio psicótico” por devotos pentecostales cercanos a su abuela, al poder citar compulsivamente pasajes bíblicos
Nelson se convirtió en un joven fornido y en buena forma física a medida que avanzaba en la pubertad que, a veces, incluso entretenía a su familia con sus talentos físicos, como caminar con las manos o levantar objetos pesados con los dientes. Este tipo de proezas y el deseo sexual tan prematuro del joven, en una época en donde lo esteroides no existían y la pornografía era casi imposible de conseguir, harían sospechar que padeciera el Síndrome del XYY, también llamado Síndrome de Jacobs, el cual es una de las causas biológicas probadas de los ahora categorizados como asesinos en serie masculinos.
Nelson consiguió un trabajo como conserje en el Hospital St. Mary, utilizando el seudónimo de Evan Louis Fuller. Es allí conoció a Mary Martin, una trabajadora administrativa de 60 años. Los dos comenzaron a salir y se casaron en agosto de 1919. Es de recordar que, para la época, las condiciones de vida y deterioro de las mujeres no podían ser paliados por la medicina, por lo que una mujer de esa edad era el equivalente a una anciana bastante mayor de nuestra época, lo que sugiere un interés patrimonial más que romántico del asesino.
Las Consecuencias.
Los familiares de las víctimas McConnell y Cowan visitaron a Nelson en prisión después de su condena y él continuó proclamando su inocencia.
El defensor Stitt presentó un memorial de treinta páginas al ministro de Justicia, Ernest Lapointe, a finales de diciembre de 1927. En el escrito solicitaba clemencia, alegando que Nelson estaba loco y que su historia personal había sido presentada injustamente al jurado a través de la prensa.
El documento “...elocuente, incluso conmovedor” constaba de veinte declaraciones juradas de personas que habían conocido a Nelson durante toda su vida y que juraban estar:
“...en condiciones de conocer muy bien el carácter y la mentalidad de dicho Earle Nelson que [ ellos] verdaderamente creían, sin exageración ni reservas mentales, [habían] sido durante un largo período de tiempo una persona mentalmente enferma” .
L apelación fue denegada, a pesar de la abundancia de declaraciones juradas, por lo que la ejecución de Nelson se programó para el segundo viernes de enero. Este fue ejecutado en la horca a las 7:30 am del 13 de enero de 1928 en la cárcel de Vaughan Street en Winnipeg. Sus últimas palabras fueron:
“...Perdono a los que me han ofendido”.
Juzgado por su Apariencia.
La aparición de los medios de transporte, el colapso de las barreras lingüísticas y nacionales, hicieron que las ciudades crecieran y los vecinos se convirtieran en extraños, por lo que cayó la barrera comunitaria que protegía a las personas de los extraños. Los asesinos seriales ya no era caníbales y bandidos que se escondían en las montañas y cuevas, acechando en la noche o a las caravanas, ahora un asesino serial podía ser cualquiera.
El señalamiento Hombre Gorila o Gorila Asesino por los medios antes de ser conocido el asesino, pueda deber ser reminiscencia al racismo del siglo XIX e inicios del siglo XX, a través del cual se teorizaba que la criminalidad estaba determinada a los rasgos físicos de la persona, estás ideas popularizadas por el médico y criminólogo Cesare Lombroso, desembocaron en pseudociencias como la fisiognomía, la frenología y la personología.
Las ideas de Lombroso fueron ampliamente aceptadas por las sociedades anglosajonas de la época, en que se distinguían y segregaban las clases sociales a través de las características étnicas, es decir, el concepto seudocientífico de raza.
Es por esto por lo que, los calificativos simiescos de este asesino trataran de asociarlo con un hombre afroamericano antes de conocerse la identidad del agresor, por lo que no sería raro que, la dificultad de la policía para atraparlo se debiese a que buscaran un asesino de apariencia diferente a la de Nelson.
Lo cierto es que, las proezas físicas de Nelson, así como la referencia que tenían las autoridades policiales sobre los personajes de «Dr. Jekyll» y «Mr. Hyde», hace casi imposible que no recuerde al personaje «Bestia» de las historietas estadounidenses, especialmente en las primeras iteraciones de este superhéroe mutante de «La Patrulla X».
Destinado a la Locura.
Muchos documentos sobre Nelson y su juicio aún se conservan en la actualidad, aunque pocos de ellos contienen información psiquiátrica sobre su patología. Durante el encarcelamiento de Nelson antes de su juicio, fue examinado por el Dr. Alvin T. Mathers, jefe de la sala psiquiátrica y del Hospital General de Winnipeg, en cinco ocasiones distintas entre el 27 de julio y el 24 de octubre de 1927. Basándose en estas sesiones, Mathers testificó en el tribunal:
“...no encontré ninguna evidencia que para mí pudiera constituir locura”.
Las pruebas de que el comportamiento asesino de Nelson, pero que se omitieron en su investigación y juicio, son extensas. Por ejemplo, sus padres James Carlos Ferral y Frances Nelson, los cuales murieron de sífilis antes de que él cumpliera dos años. Es muy probable que la enfermedad venérea de su madre hubiera influenciado negativamente en el desarrollo prenatal del condenado.
En la actualidad es de conocimiento que grandes escritores, artistas y filósofos le deben parte de su genialidad y creatividad, a cierto grado de demencia que desarrollaron por ser clientes asiduos o residentes de burdeles, como lo fueron Vincent Van Gogh, Friedrich Nietzsche, Oscar Wilde y James Joyce. El rumor de que el mismo presidente Abraham Lincoln la sufrió y transmitió a su primera dama era ampliamente extendido, por tanto, nombrarla fuera de los círculos médicos especializados era impensable en Estados Unidos. Es por eso por lo que se acuñaron eufemismos discretos como la avaría a principios del siglo XX.
La sífilis también fue una enfermedad moral, así como el VIH lo fue en las últimas décadas hasta la actualidad, por lo que la culpabilización y criminalización de los malos pacientes, llamado sifilofobia, fueron un hito profiláctico importante en la primera mitad del siglo XX.
El cine de propaganda antivenérea presentaba de manera maniquea a personajes desde la década de 1910, por un lado, la prostituta y el hombre culpable de casarse a pesar de las advertencias del médico, por otro lado, las sífilis inocentes, como la esposa fiel infectada por su esposo voluble o el bebé contaminado por su nodriza. La condena de los primeros debía alentar a los enfermos a confesar su error y aceptar un largo proceso terapéutico.
Es muy probable que Nelson fuera un recién nacido con sífilis congénita o incluso contagiada por la lactancia materna de su madre, cuya enfermedad pudo pasar desapercibida por la ignorancia de la comunidad pentecostal en la que se crió. Lo cierto es que, si no se contagió en la primera infancia pudo hacerlo en su adolescencia, ya que comenzó a frecuentar burdeles y bares en el barrio rojo de San Francisco, en donde se sabe contrajo distintas enfermedades venéreas.
Nelson cuando eras sólo un niño de alrededor de los 10 años, chocó con un tranvía mientras andaba en bicicleta chocó con un tranvía mientras andaba en bicicleta, incluso permaneció inconsciente durante seis días. El comportamiento del infante se volvió errático después de despertar, por lo que sufría frecuentes dolores de cabeza y pérdida de memoria.
Los niños que sufren traumas o contusiones cerebrales a menudo se disocian como mecanismo de supervivencia, lo que a veces desencadena un trastorno de identidad disociativo, anteriormente conocido como trastorno de personalidad múltiple, una condición aceptada que figura en el «Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría», hoy en día.
La asociación entre los asesinos seriales y las funciones deficientes del cerebro, no es nada nueva, ya que ya se había documentado desde la autopsia de Fritz Haarmann en 1925, es decir, antes de este caso con casi un siglo de posteridad. El examen de los cortes del cerebro del también llamado El Vampiro de Hannover, reveló rastros de meningitis, aunque no se conservó ninguna sección de forma permanente.
En este contexto, los hallazgos de la Dra. Lewis y el Dr. Jonathan Pincus sobre las causas médicas de la conducta de un asesino serial, han tomado relevancia después de tres décadas de estudios póstumos de estos, especialmente el infame Ted Bundy y el mismo Shawcross, a quién defendió en su momento, los cuales fueron documentado en el documental «Loco, No Demente» de 2020.
Nelson se alistó por primera vez en el ejército estadounidense en algún momento a finales de 1917, pero desertó después de seis semanas. Repitió este patrón en varias ocasiones, alistándose en diferentes ramas militares con diferentes nombres antes de desertar.
Él fue internado en el Hospital Mental Estatal de Napa en 1918, después de comportarse de manera extraña y errática durante uno de sus breves períodos en la Marina de los Estados Unidos. Un psicólogo de la Marina señaló que Nelson:
“...vivía en un estado psicótico constitucional”.
Un psicólogo que observó a Nelson a su llegada al Hospital Mental Estatal de Napa, el 21 de mayo de 1918, señaló que no parecía “...violento, homicida o destructivo”. William Pritchard, psiquiatra que realizó una entrevista preliminar con él, señaló que Nelson hablaba de alucinaciones y otros delirios paranoicos:
“...Ha visto caras, oído música y, en ocasiones, ha creído que la gente lo estaba envenenando. A veces hay voces que le susurran que se suicide. Dice que, si lo mantuvieran en la cárcel, lo haría conseguir algo afilado y cortar las venas de sus muñecas”.
Pritchard también indicó que Nelson había experimentado dolores de cabeza occipitales, se desmayó varias veces y se sintió mareado durante sus interacciones, lo que sería un indicio de encefalopatía crónica traumática, también llamada demencia del púgil.
Nelson logró escapar al menos tres veces antes de que el personal finalmente dejara de intentar localizarlo durante su institucionalización. Sus frecuentes fugas le valieron el apodo de Houdini entre los empleados del hospital. Nelson fue dado de baja formalmente de la Marina el día 17 de mayo de 1919, por lo que su expediente en el hospital se cerró con una nota que indicaba que había mejorado.
Lo cierto es que, para finales de la década de los veinte del siglo XX, la psiquiatría sólo llamaba locos a los pacientes con esquizofrenia o trastornos psiquiátricos severos, es decir, aquellos que impidiesen a una persona sostener una conversación elocuente, por lo que, a pesar de las diferentes pruebas en contrario, Nelson fue declarado erróneamente como cuerdo.
El segundo motivo para negar su locura fue la presión mediática y social del momento, la cual hubiera impedido la inimputabilidad del acusado, temiendo una respuesta negativa – incluso violenta- en la ciudadanía, la cual sólo querían venganza contra aquel hombre que probablemente fue el primer asesino en serie mediático de los Estados Unidos.
El Primer Asesino Taquillero.
Los crímenes de Nelson fueron objeto de una amplia atención mediática en periódicos, revistas nacionales y el entonces nuevo medio de radio, estos recibieron la atención de los medios internacionales y aparecieron en periódicos de Estados Unidos, Canadá y Australia. El recuento de asesinatos confirmados de Nelson, que superó los veinte, se mantuvo como un récord durante casi cincuenta años hasta el descubrimiento de los crímenes de Juan Corona en 1971.
El mismo Earle Nelson fue de inspiración para el propio director Alfred Hitchcock en «La Sombra de una Duda» de 1943. El proyecto comenzó cuando la jefa del departamento de historia de David Selznick, Margaret McDonell, le dijo a Hitchcock que su marido Gordon tenía una idea interesante para una novela que, según ella, serviría para una buena película.
«La Sombra de una Duda» fue un éxito de taquilla y la obra que más disfruto producir su director, por encima incluso de su aclamada «Psicosis» de 1960. El largometraje fue seleccionado para su conservación en el Registro Nacional de Filmes de los Estados Unidos por la Biblioteca del Congreso en 1991, considerándose “...cultural, histórica o estéticamente significativa”.

















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